Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero

Bienvenid@s a la página web del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero (CDHZL)

 

Organización de la Sociedad Civil nombrada en honor a un ciudadano común del Estado de México quien es símbolo de tenacidad y constancia en la ardua lucha por los Derechos Humanos.

¡¡¡GRACIAS!!!

 

 

 

¿Con Z de Zapato?

 

¿Por qué nos decidimos llamar CDH Zeferino Ladrillero?

 

En una tarde de principios de julio de 2011 en uno de los campamentos que Alianza Única del Valle mantenía en el predio “Guadalupe” de Nicolás Romero, Estado de México, defendiendo de forma legal y legítima el derecho a la vivienda digna de cientos de personas, se encuentran Marco y Geovani niños de apenas 6 años de edad, hijos de familias en resistencia y lucha.

 

Marco y Geovani están aprendiendo a escribir y a leer; la posibilidad de plasmar en sus cuadernos palabras que piensan y pronuncian los tiene extasiados y aprovechan toda oportunidad para preguntar a los adultos si están escribiendo bien.

 

Caminan dentro del campamento y se encuentran a uno y a otra compa y les preguntan su nombre y lo escriben de inmediato: Juan, Fer, Mari, Beto, etc. cada respuesta que reciben queda asentada en sus libretas y su satisfacción es mucha cuando les dicen que lo escribieron correctamente.

 

En su andar por los espacios del campamento Geovani y Marco se encuentran a uno de los Coordinadores de la organización, uno de los responsables de zona en el municipio de Naucalpan, encargado de la difusión y promoción de los Derechos Humanos entre las bases de la Alianza. Este coordinador es muy respetado, es el mayor de toda la organización, tiene más de 7 décadas que camina este mundo y al menos 30 años dedicados a la defensa de su pueblo, su nombre: Zeferino Ladrillero.

 

Marco se acerca con confianza, la sonrisa de aquel hombre transmite la seguridad suficiente como para que Geovani también pretenda unirse a la próxima plática, pero prefiere mantener distancia, a diferencia de Marco nunca ha platicado con Don Zeferino.

 

– Acércate Geovani – dice Don Zeferino al tiempo que le extiende la mano. Con el rostro chiveado Geovani camina y nota que las manos morenas de aquel señor parecieran están recién aradas, tiene poco que Geovani vio a su papá trabajar unas tierras.

– ¿Qué te pasó en las manos? – pregunta Geovani con un tono de preocupación.

Las arrugas y manchas de las manos de este hombre hacen suponer a los niños que le deben doler. Marco hace un gesto de que aprueba la pregunta y espera también respuesta.

– He vivido – responde parsimoniosamente y con un gesto de orgullo Don Zeferino acomodándose los grandes lentes que usa.

– ¿Y duele vivir? – insiste Marco con inquietud.

 

Ante tal pregunta Don Zeferino opta por platicarles de su vida, ese ejercicio propio de los abuelos, se acomoda en su silla e inicia la palabra. Don Zeferino les cuenta que por la pobreza en la que creció en un poblado mexiquense cercano al Nevado de Toluca no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela, fue hasta la adolescencia que aprendió a leer y escribir y de forma autodidacta.

 

Sin cumplir los 20 años conoció a la mujer que sería su esposa y madre de sus 8 hijos. Obrero entre semana y árbitro de fútbol llanero en sábado y domingo eran las fuentes de ingreso para la humilde familia. Los misterios de la vida le imponen la obligación de multiplicar sus trabajos. Taxista, vendedor de zapatos, camionero, cooperativista, trailero.

 

Sin embargo su vocación siempre fue trabajar en la defensa de los derechos de su gente, de sus compañeros de trabajo, de sus vecinos, incansablemente preparándose, estudiando y creciendo diario como ser humano, construyéndose y doliéndose, luchando. Siempre crítico y firme en sus convicciones de que la vida de todos y todas debe ser digna.

 

Los niños comienzan a inquietarse, toda una trayectoria no se puede reducir así como así para efectos de brevedad, luego entonces Don Zefe opta por sembrar ideas de esas que siembran las personas honorables antes de que estas criaturas continúen su interesante recorrido.

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Zeferino Ladrillero les dice a los niños que un día crecerán y comprenderán que las leyes deben ser racionales, deben proteger al débil, evitar abusos, propiciar la paz con justicia y dignidad, de lo contrario es derecho y deber de toda persona honesta rebelarse contra las leyes absurdas, autoritarias que imponen y explotan.

Marco y Geovani se voltean a ver entre ellos. Marco con esa inteligencia asombrosa que caracteriza a los niños que crecen en la lucha enuncia en tono categórico – ¡ya ves!. Don Zeferino se sorprende ante dicha expresión.

Geovani explica a Don Zeferino que tenían la sospecha sobre la mentada “ley de gravedad” como una de esas creaciones absurdas – ¿cómo está eso de que se nos impida volar? – dice indignado el infante.

Don Zeferino se sorprende y sonríe peinando su barba que no alcanza a cubrir su rostro pero le da una imagen singular.

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A lo lejos se escuchan los gritos de Doña Gaby otra importante luchadora social, compañera de Don Zefe, quien llama a comer a todos los

niños y niñas.

 

Doña Gaby llega al lugar donde Don Zefe platica con Marco y Geovani.

– Ándele, ándele ámonos a comer, dejen descansar a Don Zefe – dice Doña Gaby al tiempo que aplaude en señal de prisa.

Marco recuerda que tienen que escribir el nombre de don Zefe, saca su lápiz y escribe: “Ceferino”. Geovani con la intención de mejorar la propuesta escribe: “Seferino”.

 

Ambos presentan su cuaderno a Doña Gaby para recibir la aprobación de su escritura.

– Está mal escrito – sentencia Doña Gaby devolviendo a ambos autores sus cuadernos.

– Se escribe con Z – Afirma con orgullo la señora Gaby.

– ¿Con Z de zapato? Pregunta Marco.

– Con Z de Zapata mijo – dice doña Gaby quien acaricia el hombro de su compañero de lucha.

 

Zeferino se escribe pues con “Z” de Zapata y este hombre común, vivo y admirable es quien inspiró a un grupo de jóvenes para defender la vida, una persona como muchas otras, y quien desde su posición humana con todos los aciertos y carencias que ello implica, nos transmitió que todos y todas podemos y debemos luchar por los Derechos Humanos. En honor a él y en honor a todos y todas las que luchan sin esperar mayor recompensa que la de la conciencia satisfecha de haber luchado dignamente la vida, por uno mismo y por los demás es que el Centro de Derechos Humanos se llama Zeferino Ladrillero.

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