En el horizonte se vislumbran las tormentas de mediados de junio. Rayos, truenos y lluvia colman la mirada serena de un hombre que, recostado en su sillón de descanso, parece inundado en sus recuerdos mientras no despega la vista de su amplio ventanal. Con su mano izquierda acaricia su barbilla, mientras con la derecha juega con un bolígrafo moviéndolo, como si se tratara de tocar la batería del imaginario grupo de rock al que perteneció. Baja la mirada y relee el último renglón de la carta recibida apenas unas horas: 

--“Lo que usted nos desee compartir será afectuosamente leído por muchas personas, buenas y honorables, que hoy conocen su nombre como sinónimo de solidaridad y compromiso, Reciba un abrazo”. --

 

Después de un impostergable suspiro, la pluma recorre el papel con lentitud pero con persistencia, como de por sí se logran las cosas verdaderamente importantes en la vida, la mano, morena y arrugada, guía la tinta y escribe: 

Hace siete años, en un rincón de cualquier parte del territorio mexiquense, un grupo de personas decidieron constituir un proyecto de defensa de las garantías individuales y colectivas para la entidad de la República más habitado --y posiblemente uno de los más lastimados de todas las latitudes del país-- que paradójicamente no contaba con una organización de derechos humanos, o al menos no la conocíamos.

Originalmente, la intención era generar un comité de defensa jurídica de la “Alianza Única del Valle”, organización social que desde 2011 a la fecha, ha sido perseguida y reprimida, al grado de tener en el lapso de diez meses un total de 45 integrantes detenidos, sin embargo, se reconoció que la capacidad y herramientas adquiridas en el fragor de la lucha eran suficientes para ampliar la expectativa de defensa, temática y territorialmente hablando. 

Los más longevos propusimos que el naciente centro incorporara prioritariamente jóvenes, afín de involucrarlos para defender los derechos humanos pero, con un perfil y acento muy preciso: las garantías individuales son la herramienta para liberar pueblos y personas.

En un gesto que agradeceré profundamente, que puede ser un honor inmerecido --pero que se siente como una brisa de una tarde de mi pueblo natal, máxime cuando llega en lo que reconozco como el ocaso de mi vida-- los jóvenes defensores decidieron bautizar con el nombre: Zeferino Ladrillero, al entonces nuevo centro de derechos humanos.

Me explicaron que, la intención era simbolizar que cualquier persona puede defender las garantías individuales cuando antepone su dignidad; también, que esta acción se hace desde los pueblos, con indígenas, campesinos, colonias populares, barrios, calles; eso me llenó de orgullo. Hoy cuando leo, escucho y veo los logros de estos muchachos.

Sería muy complicado reducir una trayectoria colectiva a unos cuantos renglones. Más, aún, desde la distancia que mi situación de salud y mi edad me imponen, pero seguro estoy que como suele pasarnos a los humanos, el Centro de Derechos Humanos “Zeferino Ladrillero” está lleno de aciertos, errores, logros y fracasos. Seguro hay distintas visiones; versiones de los mismos hechos. Seguro tuvieron noches enteras de angustia y desvelo. Seguramente han sido compensadas con madrugadas de baile, risas y cantos, pero sin duda, lo importante, es que sus integrantes ante la adversidad, persisten, insisten, eligen continuar y apostar por la vida; eso es justamente lo que hace la flor de loto, el otro símbolo que da identidad a la labor del centro “Zeferino”.  

No puedo soslayar que, después de todos estos años, sé que el centro “Zeferino Ladrillero” es una escuela --puerta de entrada al mundo para defender los derechos humanos. De una lucha por la vida y la dignidad. 

Sé que varios compañeros han llegado y, otros, han tomado caminos diferentes. Quiero decirles a los primeros: hago votos porque el centro dé la bienvenida a personas que estén interesados en esta actividad, para agruparse, organizarse, para que su aportación enriquezca cada vez más la experiencia colectiva; y, a los segundos: sepan que les deseamos lo mejor en su lucha y en su vida. Seguramente su tránsito por la organización aportó algo, que, cuando lo ves en perspectiva, de esto se trata el andar: de aprender.  

No puedo despedirme, sin agradecer a todos los pueblos, organizaciones y personas que han decidido caminar, hombro a hombro, con los zeferinos, que --como me han platicado-- es como se nombran entre ustedes. Agradezco, porque es un gusto y una luz de esperanza saber que hay mucha gente común, sencilla, que defiende la tierra, territorio, agua, bosque, usos y costumbres, medio ambiente, identidad, derechos, dignidad y, sobretodo, hacen una defensa, quizá poniéndo en riesgo, la mayor parte de las veces la integridad, libertad y la vida misma; tal vez sería más fácil dar la vuelta al problema, permitir despojos, traiciones, pero no, ustedes eligen la lucha sobre todas las cosas, y en esa elección radica la esperanza de un mundo mejor. 

Por apostar su camino junto al Centro “Zeferino Ladrillero” durante estos siete años, estoy seguro que el aprendizaje es común; cada proceso tendrá sus peculiaridades; estoy seguro que se esculpe el futuro. Llegará el día en que las obras sean admiradas, como hoy contemplamos los resultados de luchas pasadas, esto da cuenta de que trabajar por el futuro, es el presente.     

Ojalá se multipliquen centros como el nuestro. Ojalá, más allá de lo que algunos podremos ver, se siembre la semilla para que ofrezca el fruto; que nutran la lucha y se enaltezca la dignidad humana.

Felicidades jóvenes zeferinos. Me despido y refrendo que, es para mí un honor saber que personas como ustedes --que día a día suman esfuerzos con pueblos, organizaciones y personas-- que, sin conocerme, llevan mi nombre a rincones que nunca imaginé. Pero sobre todo, desde este sillón donde les escribo, sé que aunque cause pesar a algunos, en su labor conlleva esperanza y resistencia; sus pasos dejan huella.    

Don Zeferino concluye su texto con un punto final. Sin verlo, no deja duda por la intención de concluir el mensaje. Cándidamente introduce el papel en el sobre de correo postal; no le interesa utilizar internet porque es un acérrimo defensor de la importancia de la calidez humana al conversar y, en su defecto, la caricia que aprendió significa una carta en la forma en que debe de mandarse incluida la firma del emisor. Coloca todo en la mesa, a un costado de su sillón, ya llegará su nieto a recogerla para llevarla a sus destinatarios. 

Vuelve a fijar su vista en el horizonte, los rayos y truenos anuncian tempestad. Se sonríe porque sabe que las tormentas son las que forjan a los mejores marinos. Modestia aparte, sabe que el mar de su vida sucumbió ante su valor y firmeza. Don Zeferino Ladrillero reposa los párpados, el cielo ha decidido acariciar a la tierra. 

Gracias:

Acuexcomac, Amecameca, Apaxco, Atenco, Axotlán, Cahuacán, Cañadas de Cisneros,  Coatepec, Cofradías, Coordinación de Pueblos Unidos en Defensa de la Energía Eléctrica,  Coyotepec, Frente Popular por la Vivienda Digna, Huitzizilapan, Ixtapaluca, La Piedad, Magisterio Mexiquense Contra la Reforma Educativa, Magú, Nexquipayac, Panoaya, Pedregales de Coyoacán, San Sebastián, San María Cuevas, Sistema de Agua Potable de Tecámac, Temascalapa, Temoaya, Tezoyuca, Tianguistenco, Tlanixco, Tlalnepantla, Tocuila, alumnos de la UNAM, UAEM, UACM, Valle Ceylán, Vecinos Unidos de la Zona Poniente    

Simbolismo de identidad
Llevar el nombre de Zeferino Ladrillero nos inscribe en una tradición de lucha en la que la defensa de los derechos humanos surge del movimiento social y , después de los siete años de labor del centro, esto nos compromete especificamente con los procesos de autonomía de los pueblos, además se reconoce que nuestra labor sí contempla que debe ser planeada y configurada como parte de una lucha de clases.

Nuestra definición de Derechos Humanos
Quienes defienden derechos humanos cuestionan la razón de ser y el uso de la asimetría de poder que ejerce el Estado; la segunda, que los derechos humanos son herramientas de liberación y que de ellos nos interesa particularmente los relacionados con la autonimía , el territorio y la diversidad.

 

Principios del centro

Aquellos a quienes acompañamos no son victimas sino defensores;

Nuestra principal prioridad es la que se da en el trabajo de campo (monitoreo);

Todas y todos pueden ser defensores de Derechos Humanos;

Los Derechos Humanos son productos de la lucha social;

No suplantar al actor;

No recibimos ningún tipo de financiamiento del gobierno mexicano, de cualquier nivel.

 

Objetivos:

1.- Visivilizar las violaciones de Derechos Humanos

2.- Hacer del centro un espacio de formación para los Derechos Humanos

3.-Profesionalización para la defensa de los Derechos Humanos

4.-Fortalecer con defensa jurídica, comunicación estratégica, documentación y educación los procesos de lucha.
5.-Procurar la protección de la integridad personal de los defensores de los Derechos Humanos.
 

Contamos con 7 áreas con las que se conforma el centro, de las cuales son: Educación, Protección, Documentación, Jurídico, Comunicación, Enlace y Administración.

Contacto

Nuestras Oficinas: Paseo de San Francisco, Segundo Piso, No. 133, Colonia, Jardines de Atizapán, Ciudad Lopez Mateos, Municipio de Atizapán de Zaragoza, Estado de México, Código Postal 52978

 

Teléfono de Oficina: (52)(55) 67936747 de Lunes a Viernes de 10:00 a 17:00 hrs.

 

Correo Institucional: cdhzeferinoladrillero@zeferinoladrillero.org

                                       cdhzeferinoladrillero@gmail.com

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